Igual que dice Serrat
Al igual que Juan Manuel Serrat
se dio cuenta de que "al techo
no le iría nada mal
una mano de pintura",
yo me estoy haciendo cuenta
de que hay que poner orden
aquí, en mi "estudio estadio".
Hace años esta era
la habitación de los chicos",
pero se han hecho mayores
y se han marchado de casa
dejándome a mí un espacio
que he ocupado en demasía.
A ellos, cuando vienen a casa,
les atosiga un poco
ver tantos trastos juntos,
tantas bolsas con lanas,
tantos libros,
tantos,tantos cuadernos;
el techo del armario
atestado de juegos de mesa,
cajas llenas de cintas de caseettes,
posters pasados de moda
que hacen el papel de catalejos
para ver mejor las grietas
que han salido en el techo
y que, por cierto,
no le iría nada mal
una mano de pintura.
Yo sé que a algunos puede molestarles
tanta aglomeración, tanto desorden,
tanta superfície cubierta con cajas y cajitas,
con cuadros descuadrados,
con dibujos inacabados,
con retales de lana que he ido acumulando
de todo lo que empiezo y casi nunca acabo.
Aquí, en mi estudio estadio, no echo de menos nada.
Tengo una mesacamilla ovalada
con su hule y sus faldas;
unas faldas de trajechaqueta
que compré muy baratas;
y un brasero eléctrico debajo
que calienta muy poco,
pero más vale poco que nada.
Encima de la mesa donde escribo a diario
hay dos rollos de fixo, pegamento de barra,
el bote de los bolis, Pinzas para el cabello,
un par de diccionarios.
Apuntes con los nombres de amigos de la infancia,
un libro de poesía de Daniel Escribano,
la funda de mis gafas,
los guantes que me pongo cuando,
por las mañanas
empieza a hacer frí.
Me los pongo y escribo mis palabras heladas.
Tengo que deshacerme de algunas de estas cosas:
de esa silla que tiene las patas con cojera
y también de un muñeco que cuelga de la llave
de cerrar el armario.
Todas las deás cosas... puede que aún sean útiles.
Yo jamás tiraría los cuadros que están a medias,
ni esos dos torreones de papel
que se hicieron mis nietos una tarde,
ni la foto de mis hijas pequeñas,
ni esas palmatorias -muy orteras, por cierto-
que podrían servirme en días de apagones,
ni ese libro: Ulises
de un tal James Joyce
que compré hace años
y no he conseguido leer más de diez páginas.
Mejor no toco nada.
Lo dejo así; cada cosa en su sitio.
¡Si no molestan tanto!
Además, tienen la ventaja
de que no se ve el polvo
al haber tantas.
Para ponerlo en orden
tendré que esperar... un cataclismo,
un desastre o, lo que es lo mismo: que vengan los pintores
para pintar la casa.

