Vale más una sonrisa

Pensamientos, poemas y poemillas con cierto humor literario

20 enero 2006

Igual que dice Serrat

Al igual que Juan Manuel Serrat
se dio cuenta de que "al techo
no le iría nada mal
una mano de pintura",
yo me estoy haciendo cuenta
de que hay que poner orden
aquí, en mi "estudio estadio".

Hace años esta era
la habitación de los chicos",
pero se han hecho mayores
y se han marchado de casa
dejándome a mí un espacio
que he ocupado en demasía.

A ellos, cuando vienen a casa,
les atosiga un poco
ver tantos trastos juntos,
tantas bolsas con lanas,
tantos libros,
tantos,tantos cuadernos;
el techo del armario
atestado de juegos de mesa,
cajas llenas de cintas de caseettes,
posters pasados de moda
que hacen el papel de catalejos
para ver mejor las grietas
que han salido en el techo
y que, por cierto,
no le iría nada mal
una mano de pintura.

Yo sé que a algunos puede molestarles
tanta aglomeración, tanto desorden,
tanta superfície cubierta con cajas y cajitas,
con cuadros descuadrados,
con dibujos inacabados,
con retales de lana que he ido acumulando
de todo lo que empiezo y casi nunca acabo.

Aquí, en mi estudio estadio, no echo de menos nada.
Tengo una mesacamilla ovalada
con su hule y sus faldas;
unas faldas de trajechaqueta
que compré muy baratas;
y un brasero eléctrico debajo
que calienta muy poco,
pero más vale poco que nada.

Encima de la mesa donde escribo a diario
hay dos rollos de fixo, pegamento de barra,
el bote de los bolis, Pinzas para el cabello,
un par de diccionarios.
Apuntes con los nombres de amigos de la infancia,
un libro de poesía de Daniel Escribano,
la funda de mis gafas,
los guantes que me pongo cuando,
por las mañanas
empieza a hacer frí.
Me los pongo y escribo mis palabras heladas.

Tengo que deshacerme de algunas de estas cosas:
de esa silla que tiene las patas con cojera
y también de un muñeco que cuelga de la llave
de cerrar el armario.
Todas las deás cosas... puede que aún sean útiles.

Yo jamás tiraría los cuadros que están a medias,
ni esos dos torreones de papel
que se hicieron mis nietos una tarde,
ni la foto de mis hijas pequeñas,
ni esas palmatorias -muy orteras, por cierto-
que podrían servirme en días de apagones,
ni ese libro: Ulises
de un tal James Joyce
que compré hace años
y no he conseguido leer más de diez páginas.

Mejor no toco nada.
Lo dejo así; cada cosa en su sitio.
¡Si no molestan tanto!
Además, tienen la ventaja
de que no se ve el polvo
al haber tantas.
Para ponerlo en orden
tendré que esperar... un cataclismo,
un desastre o, lo que es lo mismo: que vengan los pintores
para pintar la casa.

01 enero 2006

Por Navidad

Dice un refrán popular
al que tengo devoción
que las Pascuas durarán
hasta el mismo San Antón.

Ha llegado San Antón
y también San Sebastián
y en mi casa, los pastores,
en el belén aún están.

Mi hija, que es la que gusta
de componer y adornar,
dice que no me preocupe,
que pronto lo quitará.

Y no es que a mí me moleste
tener cerca del sofá,
en una mesa pequeña
las figuras colocás.

Pero es que.. es Semana Santa
y creo que no pega na
que el niño Jesús, tan niño,
la esté a punto de diñar.

Bueno pues... pasó la Pascua,
la Pascua de Navidad,
estamos en la otra Pascua
y el nacimiento ahí está.

Con todo lo que se junta
en una casa, es verdad,
que lo que es prioritario
es lo que antes se hará.

Y ahí sigue el niño Jesús,
con su papá y su mamá
pasando las colorinas
de agosto sin rechistar.

En fin, que llegó el otoño,
la vendimia se hizo ya,
y el Belén, con sus figuras,
en el mismo sitio está.

"Para dos meses que faltan
que llegue la Navidad
no vamos a desmontarlos
de su sitio; ¿no es verdad?"

Les quitaremos el polvo
-porque eso sí que tendrán-
que a mí, entre tantos quehaceres,
es lo que menos me va.

Este año nos ahorraremos
-y ahorrar nunca está de más-
desenvolver las figuras
que desenvueltas ya están.

Y tanta desenvoltura
y tan agustito están
que el Niño, con un añito,
está comenzando a andar.

Un torero en Benidorm

Yo quisiera
contarle a todo el mundo
que conocí a un torero
un día en Benidorm.
Yo quería
que me diera un retrato,
pasar con él un rato,
pero dijo que no.
Y me vine
muy triste y apenada
porque no saqué nada
en aquella ocasión.
Pero ahora
he aprendido que puedo
conquistarme a un torero.
Ya no dirá que no.
Le diré
que tengo un hijo suyo
igualito
que él en lo capullo.
Se hará la prueba de paternidad...
y yo mientras
en las teles a cobrar.